La vida amorosa de Cleopatra: sus esposos y amantes

Cleopatra VII fue la última reina del Antiguo Egipto y de la dinastía ptolemaica.
Su educación fue puramente griega , aprendió a hablar seis idiomas y fue instruida en literatura, música, ciencias políticas, matemáticas, astronomía y medicina.
Tenía fama de poseer modales dulces y refinados y una sugerente voz, cosas que hacían de ella una mujer muy seductora. Su belleza no era tal que deslumbrase, pero su trato tenía un atractivo inevitable, y su figura, ayudada de su labia y de una gracia inherente a su conversación, parecía que dejaba clavado un aguijón en el ánimo, según cuenta el historiador Plutarco.

 

Ptolomeo XIII, hermano y primer esposo de Cleopatra

Cleopatra heredó el trono en el año 51 a. C., cuando tenía 18 años, junto con su hermano Ptolomeo XIII, de sólo 12 años, quien sería además su primer esposo.

 

Julio César: el primer gran amor de Cleopatra.
Ptolomeo XIV: el segundo hermano y esposo.

El primer gran amor de Cleopatra fue Julio César, testamentario de Ptolomeo XII, (padre de Cleopatra), que queriendo solucionar el conflicto entre los hermanos y esposos, se dejó persuadir por Cleopatra para que tomara partido por ella. Cleopatra accedió al palacio real de Julio César envuelta desnuda en una rica alfombra, y aquí, dice la leyenda que empieza un amor arrollador.
No sólo pasaban la mayor parte del tiempo juntos, bien en largas fiestas y banquetes reales o en viajes por el Nilo, sino que César, única y exclusivamente por amor, entró en una guerra muy complicada en Egipto, contra Pompeyo, en la que puso en peligro el imperio romano, y donde perdió la vida Ptolomeo XIII ahogado en el río Nilo, tratando de huir de Alejandría.
Cleopatra, para poder seguir gobernando, tuvo que casarse con otro de sus hermanos, Ptolomeo XIV, pero el faraón solo tenía 10 años, con lo cual se vio de nuevo con las riendas de Egipto.
Cleopatra y Julio César convivieron como amantes y fruto de su relación nació Cesarión, aún así nunca fue aceptada por el pueblo romano, que la miraba con desconfianza, aunque vivió en Roma como concubina en la villa de César.
Tras el asesinato de Julio César a manos de un grupo de familias senatoriales republicanas, Cleopatra regresa a Egipto con su hijo, pero temiendo que su hermano-esposo Ptolomeo XIV quisiera tener más poder del que a ella le convenía, lo envenena, estableciendo a su hijo Cesarión como su corregente.

 

Marco Antonio: unidos de por vida.

Estando Marco Antonio, general y político romano, amigo de Julio César, en Tarso, llamó a Cleopatra para que acudiese en su ayuda. La reina de Egipto acudió pero con la condición de que la reunión se desarrollase en su barco, y para deslumbrar a Marco Antonio, navegó con los remos de plata, las velas púrpuras y todo el lujo al que estaba habituada. El encuentro duró cuatro días en los que se enamoraron y Marco Antonio decidió quedarse en Egipto al lado de Cleopatra, pero los asuntos de Roma llamaron al general y tuvo que regresar a la capital del Imperio. Allí cumplió con la promesa de casarse con Octavia, hermana de Octavio Augusto.
Tras la marcha de Marco Antonio, Cleopatra dio a luz a dos gemelos. No volvieron a verse hasta cuatro años después. Contrajeron matrimonio pero sin repudiar a Octavia. Tuvieron otro hijo y llevaron una vida de lujo y derroche, nombrando a sus hijos herederos de varios Estados.
Finalmente Marco Antonio repudió a Octavia, y el hermano de ésta, Octavio Augusto, indignado, consiguió poner al Senado en contra de Marco Antonio y así comenzó la guerra.
Octavio se alzó ganador gracias a la retirada de los barcos de Cleopatra, seguidos por los de Marco Antonio, que abandonó a sus soldados en el campo de batalla para seguirla.
Plutarco cuenta que Marco Antonio “no estaba en posesión de sus facultades, parecía estar bajo los efectos de una droga o brujería. Estaba siempre pensando en ella, en vez de pensar en vencer a sus enemigos”.
Marco Antonio engañado por un falso informe sobre la muerte de Cleopatra, se suicidó dejándose caer sobre su propia espada.
Tras la muerte de Marco Antonio, Cleopatra decide morir. Las heridas que se hizo en el pecho, llorando ante el cuerpo de Marco Antonio, se habían infectado y la fiebre así como la negativa a ingerir alimentos, hacen temer lo peor.

 

Octavio comprende la importancia política de que Cleopatra desfilase junto a él en la conmemoración de su “Triunfo”, simbolizando con ello la superioridad y la victoria sobre la humillada enemiga a la que el pueblo de Roma tanto odiaba.

Cleopatra se recupera e intenta repetir la maniobra seduciendo a Octavio, tal y como hizo con Julio César y Marco Antonio, pero éste es un hombre frío y calculador y, cuenta la leyenda que no le gustó su nariz, haciendo inmortal la frase “si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”
Así que Cleopatra, negándose a la humillación de ser exhibida por las calles de Roma, y viendo su futuro como una esclava, elige la única salida posible. Se hizo vestir con sus mejores galas y se dejó morder por un áspid. Antes de fallecer escribió una carta a Octavio en la que le comunicaba su deseo de ser enterrada junto a Marco Antonio, y así se hizo.

Su suicidio en el año 30 a.C. marca el final del esplendor del Antiguo Egipto, al ser incorporado como una provincia más al Imperio Romano, concluyendo así 3.000 años de historia ininterrumpida en la tierra de los Faraones.

 

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Primera trilogía de César Pérez Gellida: Versos, canciones y trocitos de carne

Una amiga me recomendó que me leyese Memento Mori, porque sabe de mi devoción por la música indie española, y en el libro aparecen varios temas de mis recientemente amados LOL, Vetusta Morla, El columpio asesino…
La verdad, que ahora que lo pienso, no sé porque me ha dado por este tipo de música a estas edades, creo que estoy inmadurando, no sé si existe el término, pero si lo decimos mucho, la RAE lo acabará incluyendo.

Os recomiendo la trilogía de César Pérez Gellida, por muchas razones, cito algunas:

1ª Hay una segunda trilogía, con lo cual, si te gusta el primer libro, tienes horas de diversión asegurada.

2ª Te gusta viajar, sobre todo por Europa, y lo has hecho, porque me hace gracia la gente que dice que le encanta viajar y no ha pasado de la vecina Portugal, como mucho, y en el viaje de fin de curso del Instituto.

3ª Eres un apasionado de la series tipo CSI (de cualquier parte de mundo), Mentes Criminales, Bones, El Mentalista, sin que te tengan que gustar todas con la misma intensidad.

4ª La guerra de los Balcanes te dejó una huella que todavía hoy no has superado. El ver como en la vieja Europa se exterminaban civiles inocentes por ser de una etnia, y como los cascos azules miraban para otro lado.

5ª Eres un poco viejoven y te encanta el refranero español. Amarás a Ramiro Sancho. Millennials abstenerse.

6ª Los dos personajes centrales están maravillosamente descritos, el bien y el mal, pero ese sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal, es simplemente magistral.

¡Hay que joderse, César!

 

Fuente de la imagen: http://libroscolaterales.blogspot.com.es

 
 

La mitología griega y romana en el arte

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Estela de piedra caliza de Cleopatra vestida como un faraón presentando ofrendas a Isis
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Busto de Cleopatra VII
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Escultura de Cleopatra por Adam Lenckhardt
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Estatua de Cleopatra del Museo Egipcio Rosacruz en EEUU
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Tetradracma de Cleopatra VII acuñado en Siria
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Póster de la película Cleopatra de 1917
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Theda Bara en la película Cleopatra dirigida por J. Gordon Edwards
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Diseño de vestuario por Léon Bakst para Ida Rubinstein
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Hoteles históricos de Nueva York: el Hotel Waldorf Astoria

El Waldorf tras ser abierto en 1893
El Waldorf tras ser abierto en 1893

El hotel Waldorf Astoria está situado en el 301 de Park Avenue, en uno de los rascacielos de estilo art decó de la ciudad de Nueva York, de la que fue su símbolo en la época dorada.

En los años 50 el hotel alcanzó la categoría de leyenda gracias a sus huéspedes notables que allí se alojaron como el expresidentes Herbert Hoover o el general Douglas MacArthur, héroe de la Segunda Guerra Mundial.

Waldorf-Astoria LobbyLobby del Hotel Waldorf Astoria | Autor: Chris Coleman - Flickr
Lobby del Hotel Waldorf Astoria | Autor: Chris Coleman – Flickr

La leyenda del jazz Cole Porter tenía una suite donde vivió 25 años y que ahora lleva su nombre, junto a Linda Lee Thomas, a quien dedicó la mítica canción “You´re the Top”, donde una de las estrofas decía: “Tú eres lo mejor, tú eres una ensalada Waldorf” (ensalada a base de manzana, uvas, apio, nueces y mayonesa, patentada por el hotel).

También destacan como residentes notables los gángsters Frank Costello, Benjamin “Bugs” Siegel y Charles “Lucky” Luciano, los cuales dejaban suculentas propinas.

El inventor Nikola Tesla, los duques de Windsor, Marilyn Monroe o Frank Sinatra fueron también huéspedes de este emblemático hotel.

San Bartolomé y Hotel Waldorf Astoria | Autor: Reading Tom - Flickr
San Bartolomé y Hotel Waldorf Astoria | Autor: Reading Tom – Flickr

Mención aparte cabe destacar que, el primer embajador de Irán en EEUU en época del Presidente Grover Cleveland, ordenó sacrificar a una oveja arrojándola desde el balcón de su ático por una fiesta religiosa celebrada por los musulmanes.

De la bailaora Carmen Amaya cuentan que compró varios kilos de sardinas y se las llevó a la suite Imperial donde ésta se alojaba; cogió un somier de la cama y un par de mesillas valoradas en 900 $ en aquella época, y se preparó una improvisada barbacoa para escándalo de los huéspedes.

Fachada del Waldorf | Autor: cogito ergo imago - Flickr
Fachada del Waldorf | Autor: cogito ergo imago – Flickr

El Waldorf Astoria también ha sido lugar de rodaje de numerosas películas y series como “Esencia de mujer”, “Una terapia peligrosa”, “Sucedió en Manhattan”, “El Sr. y la Sra. Smith” o “La gran estafa”. Las series que se han filmado en el hotel incluyen “Ley y Orden”, “Sexo en Nueva York” y “Los Soprano”, entre otras.

 
 

Hitler y Stalin: aliados y enemigos

Entre Hitler y Stalin hubo chispazos de cooperación, solidaridades recíprocas y algunas acciones tácticas comunes, pero al final acabaron enfrentándose.
De no haber sido así, de haber existido verdaderamente un “idilio” entre ellos, no habría existido la II Guerra Mundial, no se hubiera generado una alianza contra natura entre los países liberales y la URSS y jamás hubiera tenido lugar la Guerra Fría. Muy probablemente el mapa de Europa se habría simplificado, incluso el capitalismo hubiera desaparecido o por lo menos, no hubiera alcanzado el nivel de globalización que ahora tiene.

 

El pacto de no agresión de Hitler y Stalin

La relación entre Hitler y Stalin tuvo altibajos. Cuando Hitler invadió Polonia contó con la ayuda indirecta de un poderoso aliado secreto: la Unión Soviética, con la que firmó un pacto de no agresión y se dividieron Europa Oriental y Central.
Una semana antes del inicio de la II Guerra Mundial, Hitler mandó a Moscú a su fotógrafo personal, Heinrich Hoffmann, con la misión de retratar los lóbulos de las orejas de Stalin, quería saber si le colgaban libremente como la raza aria, o si por el contrario los tenía unidos a las orejas como los judíos. Stalin pasó el examen con nota.

En un primer momento Josef Stalin impidió dos planes para atentar contra Adolf Hitler, ante el temor de que el sucesor del líder nazi pudiese firmar un tratado de paz con las potencias aliadas (Gran Bretaña y Estados Unidos).

La entente germano-soviética se basó siempre en el oportunismo de ambos países, sin embargo las incompatibilidades no podía disimularse, especialmente la oposición ideológica y la rivalidad de dos grandes potencias.

 

La Operación Barbarroja

Por eso no sorprendió que Hitler, seducido por las victorias inmediatas y por su ansia de poder, en el verano de 1941 decidió ocupar la URSS, en la llamada Operación Barbarroja. Puedes consultar información detallada sobre esta operación en este artículo de Wikipedia.

A pesar de la guerra de exterminio de los nazis contra la URSS, Stalin movido por su pragmatismo y por unas ideas bastante realistas y sensatas, decidió explorar la vía de acuerdo con Alemania para volver a la composición de fuerzas existentes en 1939. Los rusos querían salir cuanto antes del conflicto para prepararse al inevitable enfrentamiento con las potencias capitalistas. Finalmente todo quedó en nada porque Hitler vio en ello sólo una maniobra táctica por parte de Stalin.

Y así se llegó a la disolución de la extraña relación entre estos dos estadistas: En febrero de 1943, la batalla de Stalingrado acabó con el cerco y la destrucción del 6º ejército alemán y el resto lo hizo el invierno ruso, con temperaturas de hasta -50ºC.

 

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